lunes, 8 de octubre de 2012

Mujeres Emprendedoras: Los dulces de "Nucha"


Nuevo caso de alguien que lleva adelante un gusto y lo transforma en un negocio, este es el caso de “Nucha” quien logró hacer de su gusto por preparar dulces una fuente de ingresos. Para ello tuvo que capear difíciles momentos que vivió el país desde lo económico y con esfuerzo logró salir adelante.

El artículo fue escrito por Luján Scarpinelli para el diario La Nación de Argentina.

Vale la pena leerlo

Hasta la próxima!

Prof. Lic. Fernando Julio Silva, MSc
Octubre 2012

Artículo:
“Los dulces que nacieron en un garaje de Belgrano”

Por Luján Scarpinelli  | LA NACION


                                            "Nucha"

Nucha, el nombre escrito con rojo en imprenta minúscula, pertenece a una mujer. Regina Vaena -"Reginucha", en la infancia-, no sólo dio su identidad a una repostería. También la dotó de una historia. Impensada, por cierto, en tiempos de su juventud, cuando destinaba sus horas a las libros de química.

Lejos de esa ciencia, la pastelería se fue constituyendo como un pasatiempo. El tiempo, su matrimonio y sus tres hijos, hicieron que Nucha cambiara las fórmulas por recetas. A fines de los '70, una amiga hizo el primer encargo para vender sus tortas en su confitería. El pedido tenía una explicación: Regina hacía gala con sus dulces en kermeses, ferias de platos y otros eventos que organizaban sus hijos con el fin de recaudar dinero para viajes escolares.

La fama de buena repostera, estudiosa de esta rama gastronómica, se convenció de que si podía elaborar tortas para un negocio ajeno, también podría hacerlo para el propio. Y la cocina de la casa ubicada sobre la calle O'Higgins cobró la dinámica de un taller. Nucha no esperó que los clientes golpearan a la puerta; los fue a buscar en los cafés de Belgrano, con porciones de torta. Logró tentarlos con una de sus especialidades, aún vigente: la torta "africana", chocolatosa, húmeda y cubierta de cacao. No falló. Años más tarde, la puerta del garaje se abrió para los vecinos. 

En 1989, la inflación galopaba en el país. Sin embargo, ese fue el año en el que Nucha -el negocio- empezó a tomar forma con un mostrador y una heladera. Los menores de la casa, Ariel, Galia y Javier Ickowicz, colaboraban en la naciente empresa, aunque el paso de los años y la elección de distintos caminos dejó en manos del último la pata comercial. 

El siguiente paso adelante fue, paradójicamente, en otro mal momento: en 2001, el primer local de Nucha se inauguró en la esquina de O'Higgins y Zabala. Al año siguiente se abrió una pequeña fábrica, que, en 2006 se trasladó a las instalaciones actuales. Allí, sobre la calle Paz Soldán, Nucha sigue ideando nuevas tentaciones. 

Un libro de recetas, 200 empleados, ocho locales y una pronta expansión al interior forman parte de la conquista esta mujer de 70 años que sigue propagando dulzura

La calma chicha en la espera laboral


             


Los amantes de la navegación a vela conocen el término que define una situación de ausencia de viento que permita que la embarcación se desplace por el agua.

Nada puede hacerse en ese tiempo sino esperar a que la situación cambie y podamos movernos nuevamente. El tiempo puede ser corto o largo, no lo sabemos.

Quiero utilizar esta imagen como indicador de qué nos sucede cuando estamos en una situación de espera de un llamado a partir de una entrevista ya mantenida o cuando hemos enviado nuestro CV y todavía no nos han contactado, y tampoco hay certeza de que ello ocurra.

Transcurrimos ese tiempo como quien se encuentra en un velero a la espera de que la situación cambie, por más que tratamos de distraernos con otras actividades no está en nuestras manos el poder acelerar los tiempos.

Durante este período nos plantearemos si hemos hecho lo correcto, si habremos dado lo mejor en nuestra presentación, si somos “buenos en lo nuestro”, si tal vez ya no somos “demasiado viejos” para el mercado actual, qué sucederá si el llamado no se produce, etc., etc. Nos puede asaltar la angustia, nos sentimos abatidos, desganados.

También puede suceder, al igual que con el viento, que la realidad soplé hacia otro lado y nos lleve a un puerto que no era el originalmente buscado, y a lo mejor este destino no planeado es el mejor.

Para concluir, ante esta situación de tensa calma, lo mejor es tratar de estar preparado para lo que venga, aún desconociendo qué puede ser aquello que nos espera ya que si el viento regresa de repente y lo hace con fuerza será mejor estar bien firme para poder seguir la corriente sin sobresaltos.

Hasta la próxima!

Prof. Lic. Fernando Julio Silva, MSc
Octubre 2012

Curso virtual sobre trabajo en equipo en conjunto con ESEADE


A partir del próximo mes de Noviembre estaré brindando un curso virtual sobre trabajo en equipo en conjunto con la gente de ESEADE.

La duración del mismo es de seis semanas.

Para quienes estén interesados les dejo el link en el cual podrán obtener mayor información



                                  http://www.eseade.edu.ar/

y desde allí abrir la solapa de "ESEADE virtual"


Hasta la próxima!

Prof. Lic. Fernando Julio Silva, MSc.
Octubre 2012

Mujeres Emprendedoras: El caso de Florencia Llompart, de los números al tejido


En esta oportunidad les presento otro caso de una actividad que comenzó siendo un hobby y como complemento de otra principal y terminó convirtiéndose en la mayor con el paso del tiempo.
Interesante el caso de Florencia Llompart que fue relatado por Paula Ancery a través del diario Clarín de Argentina
Hasta la próxima!

Prof. Lic. Fernando Julio Silva, MSc
Octubre 2012
Artículo:
“Indumentaria femenina tejida”
7 OCT 2012 EMPRENDEDORES
Florencia Llompart empezó a vender sus diseños por el boca a boca, siguió fabricando para marcas instaladas y finalmente lanzó la suya propia, que se consigue en unos 40 locales multimarca. Terceriza la producción y vende a mayoristas.
Por PAULA ANCERY

                                                               Florencia Llompart
Les dijo a los pretendientes que tenían tomada su casa en ausencia de su marido que elegiría a alguno de ellos cuando terminara de tejer. Pero destejía por las noches lo que había tejido durante el día, artilugio que le permitió a Penélope recibir a Ulises con su virtud intacta, dice la leyenda. Por esto, quizás, hace muchísimos siglos que tejer se considera una actividad eminentemente femenina, idea que ni siquiera pudo erradicar la revolución industrial. En las últimas generaciones, sin embargo, se la veía más como una imagen arquetípica de las mujeres mayores; pero sigue habiendo chicas jóvenes a quienes les gusta, y que no necesitan artilugios que las incentiven.
Pero en la era del diseño artesanal cool, alguien tenía que hacerse cargo del tejido. A Florencia Llompart siempre le interesó la moda, así como siempre le habían gustado los números. Eligió como carrera la Contabilidad, y ya estaba trabajando en una multinacional cuando se dio cuenta de que los números le gustaban, pero las leyes, no tanto.
“Empecé en 2005, un poco como un hobby”, cuenta. “Dibujé un par de diseños, mi mamá –que se convirtió en mi socia– me los tejió, yo salí a venderlos y me fue muy bien”. El boca a boca hizo el resto. “Una amiga de una amiga veía uno de mis sweaters y venía a pedírmelo para que se lo vendiera, trabajaba así. Hasta que en 2006 lo vi viable y empecé a hacer producto terminado para otras marcas”.
Ese paso, claro, implicó buscar proveedores de hilados y talleres externos en los cuales tercerizar la producción. También funcionó como instancia de verificación de que sus diseños tenían el nivel de calidad y aceptación necesarios para largarse con la marca propia. “En 2008 dejé de trabajar para terceros porque era doble trabajo: no les cobraba el diseño y les hacía de taller”, completa.
Comenzó fabricando únicamente pullovers para después ir ampliando la línea a todo tipo de prendas para la mujer. “Y ya en 2011 empecé a hacer promoción, de manera comercial, en eventos como BAF Week o Puro Diseño, para que el público me conozca. Si no, seguía trabajando con amigas de amigas o con los locales de las madres de mis amigas”, se ríe la emprendedora.
De norte a sur Llompart eligió no vender por Internet ni tener local propio a la calle, al menos durante un buen tiempo. Pero tiene un showroom en Belgrano al que acuden algunas clientas, pero donde lo que más hace es mostrarles a los dueños de los locales su colección completa. “Trabajo casi totalmente con mayoristas y en forma directa”, cuenta.
La marca Florencia Llompart está presente en unos 40 locales multimarca, de los cuales sólo cuatro están en Buenos Aires. Sus productos están en todo el país, desde Tucumán –donde las consumidoras son más proclives a aceptar la audacia en el color– hasta Comodoro Rivadavia –donde el gusto se inclina más por el estilo urbano. La mayor parte de las clientas se ubica en el segmento de 30 a 50 años, pero las hay mucho más jóvenes y mucho mayores

domingo, 30 de septiembre de 2012

Cuando el retiro forzado de una empresa da paso a una oportunidad


Qué sucede cuando nos “invitan” a dejar una empresa luego de haber trabajado en ella durante una gran cantidad de años?

Las respuestas probables son dos:

1.- Una gran depresión producida por la crisis

2.- Una gran oportunidad producida por la crisis

Este último caso fue el que vivió Esteban Gandulfo, quien luego de pasar por esa experiencia – sumada a un gran pozo en el que se encontraba sumido el País – logró salir adelante.

El artículo fue escrito por Fernando Massa para el diario La Nación de Argentina y vale la pena leerlo

Hasta la próxima!

Prof. Lic. Fernando Julio Silva, MSc
Octubre 2012

Artículo:

“Cuando el retiro forzado se vuelve una oportunidad” Por Fernando Massa


Esteban Gandulfo, disfrutando de su vida en Lago Puelo, Chubut. Foto: LA NACION / Alfredo Leiva

Un trago amargo con buen resultado. Así ve hoy Esteban Gandulfo aquel día cuando a los 55 años, después de haber pasado unos 25 en la empresa, lo dejaron afuera. El horizonte, en ese momento, se mostraba con diez años de trabajo efectivo por delante para poder jubilarse y la única certeza de no querer vivir más en Buenos Aires.

Fue un año el que pasó en la ciudad como "flotando" hasta que llegó el clic. "Ocurrió en la época del corralito -cuenta-, de los martillazos en el frente de los bancos, con un clima muy triste en Buenos Aires. Coincidió con un viaje a la Patagonia en el que decidimos con mi señora poner una casita para hacer bed and breakfast allá en el Sur."

Y recorriendo muchas propiedades dieron con una en Chubut, en el Lago Puelo. Cuatro hectáreas en el paraje Golondrinas plagadas de murra y mosqueta, prácticamente impenetrables. Pero donde luego de una limpieza, descubrieron un bosque nativo y coihues de 300 años. Y si bien la crisis perjudicó el valor de venta de la casa, favoreció la compra de ese terreno donde hoy, casi diez años después, se encuentra la hostería y cabañas Frontera, que ellos levantaron.

"Los temores que uno tenía de vivir aislado desaparecieron -cuenta Esteban-. Uno gana en tranquilidad, en seguridad, en contacto con la naturaleza. Percibe el ritmo de las estaciones: el amarillo del otoño, la nieve en el invierno, el calor intenso del verano. Un contraste con la monotonía de la ciudad."

Los ingresos de la vida empresarial ayudaron para concretar el cambio de rumbo. Y sí, esos ingresos no volvieron a ser los de antes. Pero ganaron en calidad de vida: ausencia de estrés y más contacto con el arte, especialmente con una de sus pasiones, la escritura.

Hoy cree que si no le daban aquel empujón no hubiera hecho el cambio. Y está agradecido. "Cuando uno pasa 25 años en una empresa -escribe en un párrafo de su libro Hotel de inmigrantes-, la percibe como un macro universo. Sin embargo, no es más que un mundo pequeñito, en él sólo hay producto, ventas, cobros, intrigas de pasillo, sueldos, beneficios y temores. La verdad es que el cosmos está fuera de la empresa."


jueves, 27 de septiembre de 2012

Casos de emprendedores: Frigorífico "Piara"

En esta ocasión les traigo un artículo sobre un par de jóvenes emprendedores que se animaron a dejar una posición de estabilidad en la gran ciudad para comenzar de nuevo con un proyecto propio.

El artículo fue escrito por Andrea Rivas y vale la pena leerlo

Hasta la próxima!

Prof. Lic. Fernando Julio Silva, MSc
Septiembre 2012

Artículo:


Cuando emprender significa empezar de nuevo

25-09-12 10:02 Dos ex compañeros de facultad renunciaron a sus trabajos y se mudaron a un pueblo del interior con sus familias para empezar su sueño de tener un frigorífico. Cuando se empieza de cero.  

Por Andrea Rivas arivas@cronista.com para Cronista.com 



Andrés Pianelli y Armando Romo, amigos y socios.

Comenzar un emprendimiento significa en algunos casos dejar todo para intentarlo. El todo incluye renunciar al trabajo, mudarse, pedir dinero prestado a la familia y empezar de cero en un lugar desconocido, con más chances de perder que de ganar.

Andrés Pianelli y Armando Romo estudiaron ingeniería industrial juntos y “desde siempre” se prometieron armar un proyecto en común. Ambos tenías importantes cargos en empresas de primera línea, por lo que el primer intento fue poner un criadero de cerdos al que le dedicarían su tiempo libre.

El proyecto no funcionó. “El error fue seguir cada uno con su respectivo trabajo desde Buenos Aires y dedicarle los fines de semana”.

Pero un tropezón no fue caída. Decidieron buscar otro proyecto y seguir, pero teniendo en claro que esta vez debían dedicarle tiempo completo.

Renunciaron a sus trabajos, buscaron un polo industrial donde poder alquilar instalaciones y partieron rumbo a sus familias al pueblo de Lincoln, en la provincia de Buenos Aires, con la idea de levantar su propio frigorífico al que bautizaron 'Alimentos Piara'.

“El primer año fue durísimo, no alcanzábamos a lograr un producto estable. A veces nos salía bien, a veces mal. Teníamos que armar la red de comercialización y a la vez en lo que pensábamos que íbamos a gastar 10 gastábamos 20”, rememora Andrés en diálogo con Cronista.com.

Encontrar “el producto” les llevó un tiempo. Cuando recuerdan los primeros pasos marcan que otro de los errores fue tratar de lanzar un abanico de propuestas demasiado amplio. Hasta se propusieron trabajar sólo tres productos: paleta sanguchera, jamón natural y bondiola.

Armando y Andrés aseguran que recién después de dos años están “disfrutando” de su emprendimiento y señalan que el crecimiento estuvo muy ligado también a sus propios padres.

“Ellos ya se cayeron y se levantaron, se golpearon y siguieron. Escuchar sus experiencias nos ayudó mucho y es el día de hoy en que colaboran golpeando puertas, mostrando el producto e incorporando puntos de distribución a la firma", precisan y agradecen.

Dos años después aseguran tener “un mejor producto”: “Tenemos controles de calidad, políticas de manufacturas y gente que nos asesora en muchos temas que no sabemos. Hoy llegamos a varios lugares en La Pampa, Bahía Blanca, Viedma, Necochea, Mar del Plata, Bolivar, Tandil y Mendoza, entre otros puntos”, señalan.

Estos jóvenes emprendedores dicen estar abocados “100% al mercado interno” y que sus objetivos son lograr un combo de “buen precio y calidad” que les permitan seguir entrando en el mercado.

Cuando se les pregunta si empezar fue fácil responden con un “no” claro, pero recomiendan a los que
recién empiezan no abandonar en el primer intento, rodearse de asesores que sepan sobre aquello en lo que 'hagan agua'  y estar muy encima del proyecto.

“Llegamos a Lincoln con el camión de mudanzas y no conocíamos a nadie”, cuentan sobre las sensaciones de desolación  de los primeros días y destacan el rol de sus esposas, que además de contenerlos también aportan desde el lado de publicidad y diseño a la compañía.

En la actualidad la firma tiene 6 empleados fijos en planta y generan más trabajo en forma indirecta. Dicen que no necesitan soñar con vender en el exterior porque saben que en el mercado local les queda “mucho por andar”.

Hoy el balance les da positivo y aunque recién empiezan agradecen no haber bajado los brazos: “Muchas veces dijimos nos vamos pero por suerte seguimos acá”, coinciden

martes, 25 de septiembre de 2012

De empleados a emprendedores cada vez más jóvenes: "Gerente de mi propio futuro" por Fernando Massa


En esta ocasión transmito un buen artículo sobre los que deciden dejar de lado la comodidad de un trabajo seguro para aventurarse en ser los directores de sus propios destinos laborales. Esto sucede, según el autor, cada vez a una edad más temprana en quienes deciden hacerlo

Hasta la próxima!

Prof. Lic. Fernando Julio Silva, MSc
Septiembre 2012

Artículo:

Gerente de mi propio futuro
Estilo de vida
"Cinco años más y me retiro", es la fantasía que cada vez más jóvenes profesionales hacen realidad, aunque el futuro económico no esté asegurado

Por Fernando Massa  | LA NACION

Toda su vida estaba encaminada a seguir una carrera profesional. Y a los 30 años, Ana Gorsd ya había obtenido varios logros en ese aspecto: había estudiado Derecho en la UBA, se había capacitado en el exterior, trabajaba como abogada en una multinacional y hasta había concluido un MBA en el Instituto Argentino de la Empresa. Y para su edad, había alcanzado una situación económica muy satisfactoria. Según sus palabras, había comprado ese paquete de felicidad que te venden hoy.

Pero al terminar el MBA, llegó lo que ella denomina una revolución interna. Una intuición que le indicaba que no quería seguir esta carrera por lo material. Que su felicidad no aumentaba al mismo ritmo. "Me di cuenta de que quería ser gerente de mi propia vida y no de una empresa", cuenta. Dejar la empresa fue una decisión que le requirió mucho valor. Para ella significó darse un tiempo para permitirse no saber. Y ese tiempo de no saber no sólo le permitió conocer la logosofía, donde ella encontró su camino espiritual, sino que también coincidió con que una amiga de la maestría también se quería ir de la empresa donde trabajaba, y juntas decidieron abrir un local de decoración. Hoy es consciente de que rompió un paradigma, que en ese retiro del mundo empresarial reencauzó su vida para tomar un ritmo propio. Y asegura que esos tres años y medio después de haber tomado esa decisión han sido muy felices.
Y en esa misma línea está Francisco Díaz, su novio, que desde los 22 años trabaja como ingeniero en distintas corporaciones. "Mi objetivo es en los próximos seis o siete años, alrededor de los 40, retirarme o dedicarme a algo más light, más simple, que me permita estar más con mi familia o hacer otras cosas que me gustaría", cuenta. Hay quienes ya lo hicieron, hay quienes lo tienen planeado. Pero cada vez son más los argentinos de mediana edad que, sin estar "salvados" económicamente, sueñan con retirarse antes, mucho antes de la edad jubilatoria, o por lo menos cambiar por una actividad que les demande menos estrés y en la que ganen en un aspecto que, tal vez, sea el valor más preciado de este siglo: la calidad de vida.

Cuando se refiere a un auténtico retiro voluntario del mundo empresarial, este fenómeno tiene una denominación: " executive dropout ", algo así como abandono ejecutivo. En su libro Empresas + Humanas , el doctor en ciencias económicas Alejandro Melamed lo define así: "Es tal vez uno de los fenómenos más observados actualmente. Se da cuando ciertos ejecutivos toman la decisión de dejar de trabajar e irse a hacer tareas para las cuales están sobrecalificados. Prefieren estar muchísimo más tranquilos para dedicarse a distintas actividades muy lejanas a lo que es la cultura tradicional y la velocidad corporativa, lo que les brinda mucha paz emocional y un ritmo mucho más desacelerado".
Maximiliano Canal no pertenece al mundo ejecutivo. Para él, el sacrificio no pasa por las tareas rutinarias de la oficina, las presiones corporativas, el respeto absoluto por las jerarquías o el estrés. Sin embargo, también sueña con cambiar de rumbo laboral alrededor de los cuarenta. Su ámbito es el agua. Más precisamente, abajo del agua. Es buzo, al igual que su padre, y juntos trabajan en Mar del Plata en reparaciones de barcos, inspecciones y reflotamientos. Hoy los ocupa la construcción del emisario submarino de esa ciudad, un sistema de cloaca que se adentra en el mar unos cuatro kilómetros desde la costa.
Jornadas laborales de doce horas, tres, cuatro o más horas bajo el agua casi todos los días, y cuando llega diciembre le parece como si hubiera pasado un año y medio en vez de uno solo. "Es un laburo muy físico -dice-. Tengo 33 años y mi idea es cortar antes. A los 40, 42. Estoy estudiando muchas posibilidades: no retirarme, pero ir viendo qué puedo hacer para mantener a mi familia con otro tipo de trabajo menos sacrificado." Sueña con la gastronomía o la hotelería; un restaurante sobre la calle Güemes o Alem. Es pensar en voz alta, dice, pero mientras tanto junto con su esposa, arquitecta, van "acovachando" plata para ese proyecto.
Para Matías Ghidini, gerente general de la consultora en recursos humanos Ghidini Rodil, este cambio de mentalidad comenzó a gestarse cuando la generación Y (aquellos nacidos a partir de 1982) se comenzó a incorporar en el mundo laboral. "Lo que las nuevas generaciones empujan -dice- es una carrera profesional en la que exista un proyecto que los desafíe como personas y los satisfaga profesionalmente. El compromiso sigue existiendo. Pero mientras lo anterior exista. Cuando eso desaparece o el trabajo se torna excesivamente dogmático, surge ahí la alternativa de salir del sistema."
Y esa salida, sostiene, puede ser el emprendimiento personal, anclado en hobbies o deseos postergados; la empresa más pequeña; o el interés por ayudar a un tercero a través de fundaciones o acciones de responsabilidad social.
¿Y el dinero? "El dinero es importante -asegura Ghidini-. Pero si con ese dinero no tengo tiempo para hacer el deporte que quiero, estar con mis amigos, viajar o estar con mi familia, no lo quieren. Si para conseguir ese dinero tienen que soportar un ambiente de trabajo incómodo o una tarea que no los desafía, buscan otro sin dudarlo."
Pero para aquellos que deciden este retiro anticipado, no sólo puede resultar importante el dinero, sino, a veces, fundamental. Más aún en tiempos donde la jubilación que llega cuando se cumple la edad necesaria no es garantía de mucho más que la supervivencia en la mayoría de los casos. Y eso Luciano
Rossi lo tiene bien claro: para él la jubilación es un monto mínimo que le sirve como subsidio.
Por eso, para poder llevar a cabo su plan de retirarse a los 50, dedicó todo este tiempo a lo que él denominó "patrimonializarse". Primero en Italia, su país de origen, donde trabajó en el sector industrial, y luego en la Argentina, donde ya lleva quince años abocado al rubro agropecuario. "La idea es hacer un cambio estructural, sentirme más libre de todas las reglas que me había impuesto hasta ahora. Lo que se hizo se hizo: después será tiempo de trabajar menos intensamente o de meterse menos presión", dice.
¿Los planes? Vivir tres meses en distintas ciudades del mundo, escapándole a esa sensación que dan las estadías de dos semanas típicas de estar de vacaciones y llegar a vivir la vida de todos los días en otra ciudad. Y en esas estadías darse la oportunidad de un más profundo contacto con el arte y la cultura de cada lugar. Pero como se trata de un plan ambicioso, fue empujando todos sus negocios a Internet y cambiando lo que era su oficina fija en Buenos Aires por distintos cafés. Algo que no lo obligue a estar en un determinado lugar a una determinada hora.
Expectativas y frustración
El licenciado Fernando Adrover, decano de la Facultad de Psicología y Relaciones Humanas de la Universidad Abierta Interamericana (UAI), considera respetable y valorable esta decisión de retomar proyectos postergados si la persona está en situación de obtener una jubilación o si ha generado un patrimonio que le permite liberarse de condicionamientos, y si sus intereses o aspiraciones se han mantenido, ya que el tiempo de nuestra existencia es escaso y único, y las personas debieran intentar realizar las acciones u obras que le den sentido a su vida.
"El principal peligro, a mi juicio, radica en que ese retiro anticipado no esté vertebrado por un verdadero proyecto que haya sido analizado responsable y estratégicamente. La frustración es directamente proporcional a las expectativas insatisfechas. Además, mantener un nivel de actividad lo más pleno y estimulante posible es lo que en mayor medida nos protege de las consecuencias negativas del envejecimiento cognitivo. Lo ideal sería que esa actividad esté alineada con el trabajo del individuo, y éste le resulte interesante, atractivo y le permita concretar sus proyectos personales. Cuando esto ocurre, lejos de pretender jubilarse, las personas perseveran en su trabajo, quizá lo van adaptando o cambiando, pero no lo abandonan", opinó el psicólogo.
Luciano Rossi eligió los 50 para comenzar este retiro gradual, inspirado en una frase que dijo su hermano cuando llegó a esa edad: "Cumplí los primeros 50, ahora tocan los próximos 50. Y hay que reformularlos".
Luciano los cumple dentro de cuatro meses y confiesa que viene un poco atrasado con su proyecto. Pero sabe que si no lo hace ahora, lo hará a los 51, 52 o 53 años. No más allá de eso. Son fechas ciertas que no se escapan. Tampoco sea cuestión de estresarse o meterse presión justo en ese momento.